Reseña de los diarios de Chirbes

Diarios: a ratos perdidos 1 y 2

Primeros cuadernos

A veces, cuando leo diarios y memorias —en definitiva ficciones con tintes muy autobiográficos— me asaltan las dudas de si al leerlos estaré cometiendo una profanación personal. Pero luego en cuanto me sumerjo y me gustan ya se me olvida el respeto.

Es verdad que los diarios que ahora me ocupan, los de Rafael Chirbes, fueron escritos y corregidos para ser publicados, pero no por ello uno deja de adentrarse en la intimidad más profunda de un ser humano, con sus desgarros y sus pasiones.

A Chirbes lo conozco literariamente desde hace muchos años. Creo que he leído todos sus libros, salvo uno de viajes. Si bien nunca ha estado en mi olimpo de autores más venerados, también es verdad que nunca ha dejado de mantenerse demasiado lejos. Novelas como Mimoun, En la lucha final, La buena letra, no me dijeron gran cosa. Las leí y las disfruté pero no dejaron un gran rescoldo en mi memoria. Otras como Los disparos del cazador y Los viejos amigos me parecieron magníficas. La caída de Madrid y La larga marcha, me parecieron muy trabajadas, tal vez en excesivo. Por entonces Chirbes empezó a tener éxito en Alemania, mucho más que en España, y eso contribuyó a que siguiera leyéndolo.

A medida que el escritor envejecía sus libros ganaban en complejidad estilística.

Su gran eclosión narrativa llegó al final con Crematorio y En la orilla, dos obras vastas y magníficas que le aportaron reconocimiento y éxitos en España, algo que hasta entonces no le había ocurrido. Personalmente siempre he preferido En la orilla, aunque las dos son duras y crueles y sinceras.

Desgraciadamente se nos murió en su mejor momento narrativo. Un escritor, entonces, dueño de todos sus recursos y capaz de apreciar, ver y contar la desazón y corrupción de este país nuestro en la que todos sus estamentos políticos y judiciales (y casi podría añadirse que también humanos) están podridos hasta la médula. La tan cacareada transición tan solo fue una farsa, que escritores como Chirbes denunciaron con valentía cuando muy pocos lo hacían.

Porque si un rasgo es muy apreciable en la literatura de Chirbes es su valentía y su honestidad. Y también sus exigencias como escritor, que en sus Diarios pueden apreciarse de forma nítida.

A mí que estos Diarios critiquen a prebostes de la literatura (por todos conocidos) me da exactamente igual. A esos que a día de hoy nos dan lecciones desde los suplementos culturales y desde las televisiones nadie lo leerá dentro de unos años. Principalmente porque la literatura que hacen es bastante mediocre. Si tan solo fuera eso no sería molesto, pertenecería al gran saco de los escritores vivos que la guadaña del paso del tiempo despedazará sin compasión. Pero lo irónico es que alguno se cree absolutamente espléndido, como un Alejandro Dumas de nuestros días. Permitan que me ría por semejante memez de la que no tienen culpa alguna ni Alejandro Dumas padre, ni Alejandro Dumas hijo.

Es muy triste apreciar la cantidad de idiotas egocéntricos y chauvinistas que pululan en el mundo de las letras castellanas. De ahí que no me extraña que personas honestas como Rafael Chirbes huyera de todos esos petimetres. Y si ajustó cuentas con todos esos personajes en sus diarios me parece muy bien. Yo, desde luego, no me voy a molestar por ello. Casi me han entrado ganas de aplaudirle en algún párrafo.

Igual con Marta Sanz si fue algo cruel; pero los dos eran amigos (y yo esa polémica con Marta o se me ha pasado por alto o no la he pillado), y precisamente ha sido Marta Sanz la que ha escrito el prólogo inicial de sus diarios, un prólogo que resulta prescindible y no aporta mucho, la verdad. O igual la intención era la de crear polémica sabiendo que Chirbes crítica en sus diarios la prosa de Sanz por su excesiva utilización de adjetivos. Aunque como muy bien sabe Sanz al escritor que más le exigía Chirbes era al propio Chirbes. Consigo mismo era ya el valenciano bastante implacable. Lo que critica en los demás tan solo es una extensión de lo que criticaba de sí mismo. Un anexo.

En honor a su honestidad hay que decir que nunca aceptó premios que de antemano ya estuvieran dados, como muchos otros. Ni nunca aprovechó de sus amistades (que también las tenía) para progresar y encontrar más prebendas y éxitos. Lo que logró lo logró con la fuerza de su voluntad titánica, luchando con las palabras y leyendo vorazmente, como un artesano. Y en este país que alguien sea honesto y trabajador, humilde y crítico, no se lleva. Y no se lleva no ya en los tiempos de Franco y en los tiempos de ahora; basta leer a Baroja, a la Pardo Bazán, o al monumental Galdós, para darse cuenta que ha sido así desde siempre. Nuestros pecados de hoy los llevamos arrastrando muchos siglos. Y a día de hoy Torquemada sigue vivo.

En los diarios también pueden encontrarse muchos momentos en los que Chirbes habla sobre sus relaciones, las sexuales y las personales. Leí con interés esa novela de París-Austerliz, que es la novela en la que contó literariamente la que, al parecer, fue su historia de amor más intensa (ahora refrendada por algunos pasajes de sus diarios); pero la verdad es que la considero muy menor dentro de su obra. No me llamó mucho la atención y apenas recuerdo casi nada de su lectura. Y no porque tratara el tema de la homosexualidad. No tiene nada que ver con eso.  Jamás he tenido ningún complejo en leer a nadie ya fuera por su sexualidad, por su ideología o por lo que fuese. Simplemente no conecté con ese libro de París-Austerliz en ningún momento. También me está pasando con una lectura actual y completamente distinta, con Mugre Rosa de Fernanda Trías, y esto me preocupa más porque todos los libros de Fernanda los he leído con sumo deleite, y este último, sin embargo, no es que se me esté atragantando, pues es muy sutil, sino que no me está diciendo nada. O yo no estoy sabiéndolo leer, que también puede ser.

A veces los libros nos conquistan y desarman cuando a ellos les apetece.

De hecho estos Diarios son muy notables y ayudan a conocer muchos aspectos de su obra, además de deleitarnos con la trastienda de un escritor: esos momentos en los que uno se desespera porque no le sale nada y quiere superarse y escribir algo mejor a lo que ya escribió y nada parece salirle bien. Todos los que escribimos con asiduidad hemos vivido esos momentos, a mayor o a menor escala.

El cuerpo, la memoria, las enfermedades, el pasos de los años, los estragos del alcohol, las comidas, los amigos, los libros, los trabajos para sobrevivir, la literatura, la honestidad, la democracia, el sexo, en definitiva la buena literatura y todas esas cosas que nos aporta un Chirbes en estado puro. Todo un ejemplo de ética profesional.

Un escritor de otra generación que me queda lejos en muchos aspectos, pero al que lo reconozco siempre joven en su voz y en su autenticidad, puesto que ese cascarrabias que fue Rafael Chirbes, como todos los grandes cascarrabias, era en el fondo una persona sensible y sentimental.

Muy entrañables las páginas en las que habla de su amiga escritora Carmen Martín Gaite y como ella le ayudó a que se publicase su primera novela, Mimoun, que luego quedó finalista del Premio de novela Herralde.  

El primer tomo de los diarios abarca desde 1984 hasta 2005. Sus comienzos como escritor profesional. Su consolidación. Después vendrán los años restantes, los de sus grandes obras.

Es un libro muy descarnado. Como el propio escritor y el trasfondo de la escritura que nos brindó. Como la vida.

2 comentarios en “Reseña de los diarios de Chirbes

  1. No sabía que se habían publicado estos diarios. Ya he visto por ahí que los califican como una «bomba». Lo que no queda claro es si él quería que se publicara todo esto o si han sido los herederos y la editorial los que han decidido sacarlo a la luz para hacer caja… De Chirbes solo he leído «Crematorio «. Me pareció de un nivel literario altísimo, pero no conecté del todo con su prosa.

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    • Sí, son una bomba. Pero no solo por lo que diga del locutor tal o del escritor tal (que también) sino por lo que cuenta de su propia vida, así sin tapujos ni frenos. Lo que se cuenta es que los corrigió y revisó en vida; yo dudo que de seguir vivo los hubiera publicado porque igual se hubiera metido en algún lío judicial. De familiares y herederos no tengo noticia.
      “Crematorio” es una obra muy buena y es compleja. Pues esa misma variedad de polifonía realista se reproduce en “En la orilla”, que es durísima y tiene escenas memorables. Yo creo que “Crematorio” era hasta un poquitín más optimista, siendo ya de por sí todo una declaración de la putrefacción urbanística y de la crisis.
      Es verdad que es un autor difícil y áspero pero tiene mucha calidad. A veces no conectamos con los libros y no pasa nada. Cada autor llega en su momento. Mírame a mí que se me está atragantando el “Mugre Rosa” de Fernanda Trías, con lo buena autora que es y con lo que he disfrutado de sus anteriores libros. Por cierto, últimamente la están premiando como se merecía. Ya era hora.
      Un abrazo y a seguir leyendo. Feliz domingo.

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