Reseña de Páradais, de Fernanda Melchor

El otro día leí en un periódico digital que hoy en día nadie editaría a Faulkner y que la literatura agonizaba porque solo se escribían banalidades.

Me pareció una opinión clasista, trivial y absolutamente equivocada. Primero por la ignorancia de las vicisitudes editoriales del propio Faulkner (bastaría conocer un poco su correspondencia para darse cuenta de las dificultades que tuvo en su día, y que solo en momentos puntuales o al recibir el Premio Nobel cesaron); segundo por el desconocimiento de lo que se edita (ni siquiera los lectores más feroces pueden conocer y leer más que una parte ínfima de todo lo que sale de las editoriales), aparte de que nunca ha sido tan barato y sencillo hacer un libro como lo es a día de hoy; luego por la prepotencia tonta. “Yo hago literatura de calidad. Mi modelo es el de los maestros más insignes. Los demás sois gentuza”. Eso es lo que quería decirnos sin atreverse a escribirlo. Casi desearía más sinceridad funambulista en este tipo de artículos. Total, para escribir tonterías que sea a lo grande y sin anestesia, con gran ironía y con mucho sentido del humor. Solo así se haría soportable tanta estupidez como la que destilan nuestros medios de comunicación. En fin, un artículo muy desafortunado y clasista.

Y yo me puse a pensar en Fernanda Melchor. Y en sus dos obras más importantes y significativas hasta el momento: “Temporada de huracanes” y “Páradais”. Las he leído y releído en varias ocasiones; pero hoy quiero centrarme en “Páradais”, que es la que he releído en estos días.

Para empezar estas dos obras de Melchor no tienen nada que envidiar a la mejor literatura de todos los tiempos. Puntos de conexión con la obra faulkneriana, con José Donoso, con toda la tradición más excelsa mexicana, con José Agustín, con Elena Garro, con Cristina Rivera Garza, con José Emilio Pacheco, y según he oído con Vicente Leñero, un autor del que todavía no he leído nada, pero que tengo ya en mi lista pendiente de futuras lecturas.

Si hay algo que destaca enseguida de la literatura de Melchor es su embriagadora prosa. Desenfrenada y asfixiante, de párrafos largos e inmensos y repletos de oralidad. La violencia de la realidad mexicana; la violencia patriarcal y la intrínseca al ser humano pulula y es el vórtice de todo lo que narra.

En esta ocasión nos regala otro personaje tremendo e inolvidable, Franco Andrade, un gordo seboso absolutamente obsesionado con la señora Marián. Ningún sutil erotismo, la pasión que siente el gordo por la señora Marián es de una violencia enfermiza.

Luego, al paso de las páginas, nos vamos dando cuenta de que no solo el personaje de Franco Andrade es detestable, sino que todo el entorno es igual de violento y horrible, de que todo está corrompido.

Las novelas de Fernanda Melchor son de una dureza extrema. Ningún edulcoramiento. Ninguna sibilina fórmula para hacernos más digerible lo que nos cuenta. La realidad mexicana y la del ser humano expuestas tal y como son, y con una prosa embriagadora, desbordante, fluida. Estilo y forma y calidad se dan la mano y caminan juntos. Nos aprisiona su estilo. Nos seduce su inteligencia. Nos desarticula la indefensión que sentimos como lectores.

Aquí se narra la historia de un crimen. Y eso no es novedad, porque se ha escrito sobre ello muchas veces, pero en la forma de narrar, en la forma de contarnos la historia, en la brutalidad sexual, en la violencia sórdida, en el destrozo social, en esta inmersión en las mentes y las vidas de dos adolescentes perdidos, desarraigados y hastiados, Polo y Franco Andrade, está todo el meollo de este espléndido libro.

Brutal. Un viaje al corazón de la violencia. Y vamos a llamar a las cosas por sus nombres: violencia de clase y violencia de género. Polo es un adolescente precarizado y exprimido por su propia familia, que sueña meterse en el narco, mientras el gordo Franco Andrade es un hijo de familia pudiente que no necesita labrarse ningún tipo de futuro porque ya se lo labrará su familia cueste lo que cueste. Ambos respiran hastío y machismo, alcohol, violencia y hartazgo.

Hay quien comenta que “Páradais” no está a la altura de “Temporada de huracanes”. Es verdad que siempre estamos comparando de forma un tanto injusta y que, a veces, cada libro tiene su propio tiempo, su espacio y sus razones creativas. Por lo que sé Fernanda lo comenzó a escribir mientras corregía la de “Temporada”. De todas formas son dos obras magníficas. Puede que la de “Páradais” sea menos ambiciosa y compleja, sin duda menos coral, pero las dos son inolvidables, trepidantes y terribles. Literatura de altísima calidad.

El artículo dominical del que me servía al principio de esta reseña no mencionaba en ningún momento a Fernanda Melchor. Supongo que no la habrá leído. Pero será ella y otras y otros como ella los que serán los clásicos de mañana. Eso es igual lo que les molesta. Que a pesar de disponer de las atalayas de los medios de comunicación, de las prebendas de entrevistas y de la promoción de premios corrompidos y dados de antemano, les falta lo más importante que ha de tener los escritores: la ambición, la perseverancia y la calidad. Y también añadiría que la valentía, porque hay que ser muy valiente para escribir lo que Fernanda escribe.

Larga vida vital y creativa a Fernanda Melchor. Que los dioses le protejan.