«Los chicos» de Toni Sala

Imaginad una antorcha que ilumine las recónditas concavidades de la maldad humana, así aprecio este libro de Toni Sala, Los chicos, y editado por primera vez en castellano por Trotalibros.

Lo primero que hay que decir que es un libro crudo, violento, despiadado, realista en cierta forma hasta la mitad. La chispa se desata a partir de la muerte de dos hermanos en accidente de tráfico, Jaume y Xavi, los hermanos Batlle, que serán la excusa para esta inmersión en el mal en un pequeño pueblo del sudeste de Girona, Vidrieres, por el que siempre hay prostitutas por «la carretera nacional», aparte de una falta de esperanza en la mayoría de sus habitantes. La crisis y la muerte de los dos hermanos, más la situación política de Cataluña, planean de fondo, cual el vuelo expectante de los buitres, (si se me permite tan torpe metáfora, pero que creo que ejemplifica bien el intento de despojo al que asistiremos).

Pero no estamos ante un libro político ni nada de eso, sino humano, terriblemente humano. Decía que me parecía realista hasta su mitad, pero en realidad es realista todo el libro, si pudiéramos incluir lo tremebundo dentro de ese realismo. Desde mi punto de vista es como si juntásemos “En la orilla” de Rafael Chirbes y “La familia de Pascual Duarte” de Cela e hiciésemos un híbrido. Entiéndaseme bien, no estoy diciendo que Toni Sala no tenga imaginación suficiente y autónoma, ni capacidad estilística y profundidad, que la tiene y además con generosidad, sino que esos dos libros se me venían a la cabeza a leer este de “Los chicos”. Asomaban a mi memoria lectora.

Lo que destaco más es el manejo del lenguaje de Toni Sala. Y aquí, igual, también resulto un tanto polémico, puesto que me pareció por momentos que se estuviese frenando. Me dio la sensación que quería poner toda la carne en el asador y cuando estaba comenzando la hoguera a descontrolarse relajaba el lenguaje y lo hacía más accesible, al alcance de todos los lectores interesados; pero a mí el Toni Sala que me estaba deleitando era el que no tenía complejos, el que estaba escribiendo página tras página en un solo párrafo, el que me estaba agarrando fuerte y parecía que estaba escribiendo algo fuera de lo normal, el que no me permitía como lector respirar. Igual solo estaba tomando aliento, porque por lo visto este libro, a pesar de ser una obra autónoma, pertenece a una trilogía.

Sea como fuere, como decía mi admirado Eduardo Haro Tecglen, “mis apreciaciones son siempre subjetivas”; por lo que mi opinión no tiene por qué coincidir con la de otros lectores. Lo que creo que no admite duda es que es un buen libro.

A través de cuatro grandes personajes muy bien trenzados: un banquero del pueblo, Ernest, que se conoce la verdadera situación financiera de todos sus vecinos; la novia de uno de los fallecidos, Iona, una muchacha que intenta y necesita de algún modo pasar página;  Nil Dalmau (el personaje más malvado y, por cierto, el que tiene mayor creatividad); y el camionero Miqui, adicto a las prostitutas y al sexo y que lleva una escopeta en el camión, un personaje tremendo y creo que el más conseguido. Entre los cuatro vamos pasando de maldad en maldad, tanto que en algún momento de la lectura pensé con malicia “que igual lo más decente que había en el pueblo eran los dos cadáveres de los muchachos”.

Muy linda la cubierta y la edición, y el libro, como vengo escribiendo, es notable. A pesar de que la parte final me ha parecido un tanto efectista es un buen descubrimiento y hace falta ser valiente para escribir un libro así.

Por cierto, “Ese quedará la tierra” del final podría replicarse con el “¿Cuánta tierra necesita un hombre?” de Tolstói. Aunque igual, por el bien de todos, nos vendría bien más ternura y menos violencia, porque siendo sinceros, si solo existiera maldad en nuestros comportamientos y en nuestra forma de ser, si solo actuáramos por satisfacer nuestras pulsiones sexuales o incrementar nuestras posesiones y nuestras cuentas corrientes, ya harían siglos que no hubiésemos extinguido.

Y entonces alguien podría decirme que al planeta (para sobrevivir) tampoco le vendría demasiado mal que nos fuésemos a tomar viento. Y entonces yo, antes de que tener que darle la razón ante semejante axioma, correría un tupido velo sobre lo anterior y os hablaría de la primavera, que se presiente en las flores de los almendros; que está en el ambiente aunque el frío sea aún muy gélido; que los días son más largos y los atardeceres dignos de contemplarse; que estar vivos es un auténtico milagro que no volverá a repetirse. La llegada de la primera avanza inexorable. Y queramos o no siempre hay algo renovador en ello.

Muy feliz fin de semana.

Hasta otra.

3 comentarios en “«Los chicos» de Toni Sala

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