«Moronga», de Horacio Castellanos Moya

Juan Domingo Urruti, de 61 años de edad, salvadoreño, alias “el ingeniero”, portaba una licencia de conducir falsa del estado de Texas. Su verdadera identidad y su domicilio han sido imposibles de confirmar. Recibió dos impactos de bala. Su cadáver quedó tendido en el estacionamiento.

La primera vez que me acerqué a la obra de Horacio Castellanos Moya fue por culpa de dos pasiones reincidentes y siempre presentes en mi vida: Roberto Bolaño y Thomas Bernhard. El primero porque directamente lo elogiaba en una reseña suya (que hoy todavía puede encontrarse editaba en “A la intemperie”); la segunda porque el escritor austríaco había llamado a las puertas del estilo del salvadoreño y este había recogido el guante en una obra desternillante e imitadora que se llama “El asco. Thomas Bernhard en San Salvador”, un libro con el que yo me reí y disfruté mucho, muchísimo; pero que a la gente de San Salvador no les hizo tanta gracia, puesto que lo amenazaron de muerte, teniendo por ello que exiliarse en México, España, Alemania, Japón y Estados Unidos. Y no sé si algún país más. Es posible, puesto que gran parte de la vida de este escritor parece un exilio continuo por tener el valor de escribir y publicar lo que le viene en gana.

Luego fui leyendo cada par de años (más o menos) algún libro suyo: “Baile de serpientes”, “Con la congoja de la pasada tormenta”, un libro recopilatorio de relatos, y “Envejece un perro tras los cristales”, quizá el más raro de todos (por lo menos a mí me lo parece, puesto que reúne dos cuadernos de apuntes escritos en sitios muy dispares: uno en Japón y el otro en Estados Unidos; y en el que creo que a veces el escritor hace un muy cruel ajuste de cuentas consigo mismo). Algunos me gustaron menos que otros, pero todos merecen la pena. La calidad de Horacio Castellanos Moya no es discutible.

Tiene editados muchos más; pero de momento solo he leído esos.

Moronga” ha sido el último. Y sobre este último tengo “emociones encontradas”.

Desde la inclusión sexual del título la obra se divide en tres partes narrativas, que son todas, cada una a su manera, auténticos ejercicios de estilo: la primera más lacónica, sobria y narrativa; la segunda más intensa y de intenso ritmo bernhardiano; la tercera es un auténtico informe policial, con croquis incluidos. El leitmotiv es el de casi siempre: la violencia estructural del continente americano. Si bien, aquí parece que hay como una carrera de relevos en la violencia, puesto que algunos personajes que derivan de las luchas guerrilleras se reconvierten a la delincuencia de los narcos y las maras; al parecer derivar de una a otra solo es cuestión de edad y de geografía, puro azar.

A pesar de ese alarde de estilos que hace Castellanos Moya, de lo bien estructurada que está la novela, cuyos flecos van encajándose poco a poco en ese informe policial que al final todo lo aclara, no he logrado conectar con el libro en casi ningún momento. Al principio pensé que estaba leyendo la crónica de un inmigrante sudamericano en USA; luego una novela de intrigas; luego la crónica de una violencia estructural, sexual y machista; luego un informe policial; y es verdad que todo el libro tiene un poco de cada uno de esos temas que he mencionado (y de algunos más); pero puede que en el intento de abarcar tanto el libro se malogre y que solo se sostenga por la capacidad versátil del autor.

La verdad es que no lo sé. He leído algunas reseñas muy elogiosas de este libro, que difieren totalmente de la mía y con las que no coincido para nada. Y eso es bueno: las opiniones literarias solo nacen desde la subjetividad más personal, y es bueno disentir y no coincidir siempre, porque así como cada escritor es un universo cada lector también lo es, y las razones por las que un libro nos gusta (o no) también son, a veces, muy peregrinas. Mi opinión es que a “Moronga” le falta alma.

Háganse su propia opinión de este libro leyéndolo y luego me cuentan.

Hasta otra.

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