Cegados por la luz: “El ala izquierda”

Cegador I

En la cabina revestida de nogal, entre unas ventanas de cristal que arrojaban a su alrededor unos prismas irisados, había, sentada en un taburete, una rubicunda mujer desnuda, cegadora en la madurez lechosa de su piel, que sostenía en brazos, como su fuera un cisne, e igualmente pesada, una inmensa mariposa de cuerpo grueso y peludo, con seis patitas nerviosas que terminaban en unas garras clavadas en el pecho y en el vientre de la mujer; tenía una cabeza redonda y unos ojos enigmáticos y una trompa retorcida como el muelle de un reloj”.

Me ha resultado extraordinaria y tediosa a partes iguales. Es mucho más densa que “Solenoide”, que yo creo que es más atractiva de leer y más disfrutable. También es verdad que estamos ante el primer tomo de una trilogía, y que no debería ser tan tajante antes de leer los otros dos tomos (esperemos que el tercero se edite en castellano este año); pero en líneas generales es el libro que menos me ha gustado del escritor rumano.

Lo he leído dos veces: una primera lectura el año pasado, de la que no entendí demasiado; y otra ahora, de la que tampoco he entendido demasiado; si bien es verdad que leer en un hospital no ayuda mucho a concentrarse.

Sí, soy consciente de que el escritor está ante su “Trabajo de amor perdidos”, por poner un símil shakesperiano; de que intenta abolir las leyes del espacio- tiempo, algo así como Carlos Fuentes consiguió en “Terra Nostra”; de que la literatura de este extraño y dotado escritor siempre está indagando en las preguntas: “quién soy- qué soy”; que el libro nace de lo materno y es una especie de rapsoda que mezcla universos visionarios con su ya famosa obsesión por los insectos (en este caso, mariposas); que su obra nace e indaga entre “lo angelical y lo demoniaco”, “lo masculino y lo femenino”, “el cosmos arrollador y la joya ensangrentada donde habitamos”; que hay casi un exploración de la mente creativa como pocas veces uno puede encontrarse en literatura; pero a pesar de todas esas “caravanas espirituales” el libro no ha conseguido gustarme tanto como el volumen de relatos “Nostalgia”, o la gigantesca y solemne “Solenoide”. Sí, tiene momentos de gran belleza; otros muy desconcertantes y tediosos; no dejan de ser esplendorosas esas páginas de una Bucarest fantasmal y kafkiana que el autor desde su atalaya visionaria contempla, concretamente desde su ventana; pero a pesar de todas sus virtudes no ha logrado convencerme como otros libros suyos.

Quizá ya he perdido la capacidad para sobrecogerme. Si yo fuese un adolescente no sé cómo me hubiera sentido leyendo a Cărtărescu. No lo sé. Lo que estoy seguro es que me hubiese deleitado con su capacidad visionaria y hubiera apreciado una mariposa entre las manos de una mujer cuando el autor dice que “hay una mariposa entre las manos de una mujer”. El resto son las barreras que nuestras mentes lectoras imponen.

El problema no está en el escritor. Como el problema no lo está en el último Thomas Mann o no lo está en Goethe en su segunda parte del “Fausto”. El problema está en nuestra incapacidad para dejarnos arrastrar a un universo literario sin dejar de utilizar nuestras mentes. Lo ideal sería desprenderse de nuestro intelecto (o de todas las ataduras, que resulta casi lo mismo) para gozar y penetrar en lo más hondo.

Por eso de niño yo hubiera disfrutado de este autor mucho más. Aunque tampoco lo hubiera comprendido. Para nada. Pero la literatura no hay que comprenderla; eso es una insensatez derivada de los manuales para crear idiotas que hoy se destilan tanto. Con que un poco de la magia cognitiva y estética del arte nos atrape ya es suficiente. Fascinación, eso es lo que necesitamos.

Me pregunto qué demonios puede escribir un autor después de esto. ¿Convertirse en un funcionario de la literatura? Con el rumano lo dudo: tiene un mundo muy rico y propio para desperdiciarlo en naderías narrativas. Su compromiso con la literatura parece muy sólido. Ya solo le queda escribirnos “su poema en prosa ilimitado”, su Hamlet narrativo, porque cuando el rumano habla de la muerte y de la vacuidad de la vida una luz prodigiosa se enciende en su literatura. Una luz que presagia gigantescas y peligrosas llamaradas, de esas por las que la creatividad lleva en combustión desde el principio de los tiempos.

Prometeo nos legó el fuego. De vez en cuando es bueno recordarlo.

Hasta otra.

2 comentarios en “Cegados por la luz: “El ala izquierda”

    • Es que el gran arte escapa a la comprensión humana. Cuando un creador toca lo profundo, ya sea en un párrafo, en una partitura, en un cuadro, en una escultura, llega a una región ignota. No podemos abarcarlo todo. Y esto sucede no solo con el lector o el oyente, sino con el propio que crea. Un abrazo y a nadar en la creatividad. Eso sí que está a nuestro alcance.

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