Juventud sin tierra

«Si fueras mejor persona me caerías mejor», todas esas llaves me había dado Lidia desde que yo me había enamorado de ella y había creído poder cruzar su puente, el puente hacia el mundo, el puente hacia la adaptación, todas esas llaves falsas me había dado ella y en todas esas llaves falsas había confiado, pero eran llaves falsas, lo único que yo tenía eran llaves falsas que no abren ni puentes ni puertas, llaves que no abren nada, que acompañan en las noches de invierno y hacen creer que alguna puerta te estará esperando más allá.

Acostumbramos a leer a autores a los que reconocemos por solo unas palabras. En ellas apreciamos un arco tensado y una dirección predispuesta. El estilo no es solo la respiración, que lo es; no es solo la particular forma de observar el mundo, que lo es; no es solo la arquitectura en la que se apoya el peso de la estructura narrativa. El estilo lo es todo. Y en literatura (mucha gente se enfada cuando digo esto) la trama o la historia o lo que vayas a contar importan muy poco; lo importante es cómo lo cuentes.

Es más, una de las formas de distinguir si lo que tienes delante merece la pena es si irradia un esfuerzo de estilo detrás; de poda o de desmesura, eso es igual…, pero alguna complejidad más allá del sota, caballo, rey. Que se noten riesgos, desmesuras, bifurcaciones, ambiciones. Nuestro mundo no es lineal. Nuestros pensamientos no son lineales. Las complejidades del mundo que pisamos y de los seres humanos con los que convivimos necesitan de una literatura que aniquile las fronteras.

La literatura de Darío Méndez Salcedo siempre es arriesgada y siempre es reflexiva, y al mismo tiempo es sencilla y accesible. Da igual que hable de un ser en peregrinación; de un festival de leyendas del rock; de un creador de “templos del ocaso”; de una relación de pareja o de un youtuber aficionado a la literatura: trata de decir más de lo que dice, y de que el lector se haga preguntas sobre por qué las cosas son como son. Creo que esto parte de los propios interrogantes y cuestionamientos que el propio autor se hace. Es una literatura de necesidad espiritual, no un panfleto maniqueo. Una literatura que sueña con la gran música.

Dicho esto, cuando vi de qué pie estilístico cojeaba este libro y que encima me lo habían dedicado desconfíe por unos segundos. Darío es editor de alguno de mis libros y en realidad el único que no me ha dado problemas, puesto que yo no presento mis libros ni existo para la promoción. Soy un escritor de esos que huye de las fotos y sobrevive y escribe entre catacumbas. No me interesa la farándula, y la “gente respetable”, como la que se destila en nuestra literatura actual, me aburre una barbaridad. La exacerbada exposición pública de los escritores es un atentado a la honestidad creativa.

Así que si a un tipo tan esquivo le habían “imitado” el estilo de sus últimos libros y le habían dedicado una novela algo muy grave estaba pasando. Se había alterado el precario equilibrio del mundo literario y todavía están por apreciarse las consecuencias.

Estudiemos los síntomas.

Juventud sin tierra es un libro de un solo párrafo. Yo le llamo “estilo berhandiano”, pero en realidad Bernhard lo imitó de las primeras ediciones de los ensayos de Montaigne. Es verdad que no solo Bernhard lo trabajó en nuestros tiempos modernos. Muchos autores lo han amoldado a su propia idiosincrasia. Ahí está Pierre Guyotat, Horacio Castellanos Moya, Lucy Ellmann con su reciente y gigantesca obra editada en castellano de “Patos, Newburyport”, las exquisitas Marie Clarie Blais, y también, en parte, Fernando Melchor. No me olvido del no menos exquisito y apocalíptico László Krasznahorkai, etcétera. Cada uno a su estilo y manera, con sus filias y sus fobias y con mayor o menor acierto, lo han practicado.

Pero no se lleven a engaño Juventud sin tierra no es un libro de imitación o sin personalidad propia. Parece escrito en tono de sarcasmo o broma pero está hablando de cosas muy serias. Como siempre ocurre en la literatura de Méndez Salcedo el mensaje parece que está inscrito en diferentes capas, como si se tratase de una cebolla. Si te quedas en la más cercana a la superficie apreciarás el monólogo de un alocado youtuber; si profundizas hasta las capas interiores apreciarás la desazón de una generación instalada en la precariedad y en la imposibilidad de realizarse más allá de la explotación emocional y monetaria. ¿Recuerdan esa canción de Triana que se titulaba “Hijos del agobio”, perteneciente al disco homónimo? Pues le viene como anillo al dedo.

Antonio García, el protagonista, es un youtuber de éxito que está asqueado por tener que ponerse ante el ojo de los demás. Viene de una familia de esas que se llaman “desestructurada” y consiguió escribir una novela que fue un éxito para la editorial, pero para él supuso “un naufragio interior del que aún no se ha recuperado”. En realidad es un quinqui de la vida que se enamora de una tal Lidia que es aficionada a la literatura pero que no le corresponde. De los que “nacen del revés y derrotados”. De esos que en las grandes ciudades habitan los extrarradios y tienen un escaso o nulo futuro. No son el lumpen, porque lumpen tiene unas connotaciones de marginalidad muy marcadas. Estos son clase obrera precarizada. De los que con mucho esfuerzo pueden enviar a sus hijos a la universidad para después ver que acaban trabajando de cualquier cosa. Los que con su parsimonia y su hartazgo sostienen (sin que se den cuenta) el alimento de un sistema de cuatreros, fosilizados ante la tecnología, los grandes eventos deportivos, los bares sin tertulia, y carne de cañón para un sistema judicial más corrupto que las propias leyes que interpreta y sentencia en su beneficio.

Todo esto lo deja entrever Méndez Salcedo con pinceladas sobre los padres de Antonio García, los amigos del Rissing, que es como el bar centro de operaciones, desde el que parten esa banda de colgados “hambrientos y sedientos” para dejar su estela por el mundo.

A mí todos esos seres desorientados y en conflicto interior me provocan ternura. En el lado salvaje de la vida se esconde mucha poesía, aunque sea sórdida y provoque incendios.

Espero que a los lectores que se acerquen a este libro en su versión digital y libre, a través de la plataforma Lektu, les provoque lo mismo: ternura e interés. Dejen que el ritmo los arrastre a la velocidad de un riff de guitarra eléctrica.

El enlace para que puedan disfrutarla.

https://lektu.com/l/dario-mendez-salcedo/juventud-sin-tierra/20457

Hasta otra.

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4 comentarios en “Juventud sin tierra

  1. Bueno, pues otra vez que me has dejado colarme en tu blog. Que no se vuelva a repetir en mucho tiempo, que la gente quiere libros de verdad!!
    Aun así, yo muy agradecido de que busques el tiempo para dedicarme unas líneas. Siempre es un placer leerte.
    Abrazos grandes, salud y libertad

    Le gusta a 1 persona

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